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sábado, 8 de octubre de 2011

HOMBRES Y DELFINES... ¿existen similitudes y cercanías?, ¿te atreves a responder la pregunta?

Un tema tan apasionante y de increíbles experiencias, necesita de mucho espacio para tratarse en forma legible, por lo tanto me disculpo anticipadamente por presentarles un artículo extenso pero con la garantía de la plena alegría y satisfacción al terminar su lectura, incluso tiene un efecto psicológico, no se sentirán solos ni desamparados nunca más.

Aunque durante siglos se creyese lo contrario, los humanos no somos la única especie capaz de comunicarnos con nuestros semejantes por medio de un lenguaje sonoro, nos acompaña, por ejemplo, el lenguaje no-humano de dos familias de mamíferos marinos: delfines y ballenas.

Las investigaciones más serias sobre estos otros lenguajes comenzaron cuando en 1.950, el neurofisiólogo estadounidense John C. Lilly estableció en las Islas Vírgenes un laboratorio dedicado al estudio y adiestramiento de estos cetáceos. Se llegó a la sorprendente conclusión de que los delfines poseen dos sistemas de comunicación. Uno es verbal y mediante él pueden establecer contacto con el ser humano, usando la emisión de unos silbidos a través de sus espiráculos nasales este tiene lugar casi siempre en el agua, aunque en presencia de seres humanos pueden emitir sonidos a través del aire. El otro se basa en una serie de chasquidos que configuran un sistema de comunicación semejante al radar o sonar de un barco. Los silbidos emitidos por los delfines resultan ininteligibles para el hombre debido a que su tono y su frecuencia son diez veces más altos que los de los lenguajes humanos. La solución, de cara a una hipotética comunicación entre ellos y nosotros, consistiría en que fuesen ellos los que aprendiesen nuestro lenguaje, ya que si son capaces de aminorar su frecuencia de emisión; mientras el ser humano no puede acelerar o elevar la suya. Sin embargo, este científico decidió suspender sus investigaciones. El motivo, según el propio Lilly, era que consideraba inmoral seguir haciendo pruebas y manteniendo en cautividad a unos seres tan inteligentes como los delfines para ser entrenados con fines nada pacíficos (militares). Durante las investigaciones, se intentó enseñar a los delfines algunas palabras en inglés, llegando a conseguir que imitasen gran número de sonidos, además, los investigadores han detectado un gran interés en los cetáceos por comunicarse con el hombre, tanto que en ocasiones se ha comprobado que se enseñaban unos a otros los que habían aprendido por su cuenta. Cuenta Lilly que varios días después de haber enseñado a un delfín a emitir los sonidos correspondientes a los diez primeros números descubrió que el del tanque contiguo también sabía contar. Analizando las grabaciones nocturnas, se descubrieron en ellas verdaderas secuencias de entrenamiento sistemático.

Es prodigiosa la empatía y comunicación que estos animales pueden mantener con el humano, de esta especial relación surge la delfinoterapia, con la que actualmente es posible tratar a niños con discapacidades psíquicas y sensoriales, así como también personas en periodos de rehabilitación de adicciones tales como el alcohol o las drogas. Por su evolución se sabe que los delfines, junto con las ballenas y las marsopas, descienden de mamíferos terrestres, más precisamente de los Artiodáctilos. Los esqueletos de los delfines modernos tienen dos pequeños huesos en la pelvis, remanente de lo que alguna vez fueron extremidades posteriores.

La cabeza contiene el melón, un órgano esférico que utilizan para la ecolocalización. El cerebro del delfín es grande, y tiene un córtex muy estructurado, lo que a menudo lleva a la discusión sobre su inteligencia (además de su capacidad de desconectar temporalmente un hemisferio, haciendo que el otro vigile por si hay enemigos). Los dientes están organizados de manera que actúan como una pantalla focalizada en los sonidos, facilitando la localización exacta de un objeto.

La capacidad para expresarse oralmente aparece en los animales cuando el cerebro posee un determinado tamaño crítico, que oscila entre los 700 y 800 gramos. El ser humano alcanza este tamaño cerebral aproximadamente a los siete meses de edad y luego el cerebro continúa su crecimiento hasta llegar al tamaño definitivo, que varía entre 1.100 y 1.500 gramos. El estudio detallado de las cinco mil lenguas existentes en el planeta ha demostrado a científicos que el lenguaje es un sofisticado instrumento para el intercambio de información. El cerebro ha de tener, pues, un tamaño que le permita absorber, almacenar y recordar todos los elementos propios del lenguaje. Si analizamos el tamaño cerebral de los animales encontramos que los primates, los más semejantes al ser humano por su constitución física, poseen un cerebro de tamaño muy inferior al del hombre; aproximadamente entre los 350 y 400 gramos. Ahora bien, algunos mamíferos, como el elefante, la ballena, la marsopa, el delfín, ostentan masas cerebrales que sobrepasan con creces el tamaño crítico y superan en peso al cerebro humano. El de la ballena, concretamente, puede llegar hasta los nueve kilos y el delfín hasta los seis. Y, lo que es más importante, en estos cerebros se ha detectado la existencia de zonas silenciosas en la corteza cerebral (el neocórtex), que no aparecen en ningún otro animal a excepción del hombre. Estos animales han desarrollado también extraordinariamente esta capa, la más externa del encéfalo, donde reside el intelecto o la razón. Todo ello les coloca, al menos en teoría, muy por encima del resto de los animales en cuanto a su capacidad intelectual.

Clases especiales de lípidos, conocidos como los ácidos grasos esenciales para el tejido cerebral como el omega 6 y omega 3 se utilizan en el cerebro de los seres humanos en un equilibrio de 1:1, esta misma proporción sólo es compartida con los delfines. Además de poseer un alto grado de conciencia, no sólo pueden reconocer a otros, sino que también pueden reconocerse a sí mismos. Sin embargo, los científicos creen que es probable que los delfines posean una inteligencia que va más allá de nuestra capacidad de medición y es posible que su inteligencia sea mayor y muy diferente a la nuestra.

Por ejemplo, en el interior del cerebro de los delfines existe una cámara que desconcierta a los investigadores, los estudios que han realizado a esta zona del cerebro de los delfines sugieren que podría servir para alcanzar estados de meditación, contemplación o pensamiento abstracto. Otros creen que esta cámara, además les proporciona la capacidad de comunicación telepática y visualización holográfica, con la cual transmitirían un código cetáceo, un tipo de comunicación energética.

Otros investigadores, como el parapsicólogo Martín Ebon, señalan la existencia de un tercer sistema de comunicación con los delfines: la percepción extrasensorial. Según Ebon, el ser humano poseía antiguamente capacidad para comunicar sus pensamientos sin ayuda de sonidos ni de cualquier otro tipo de lenguaje, facultad que perdió cuando aprendió a hablar. Los delfines, en cambio, parecen conservarla. Los numerosos casos en que los delfines han salvado a náufragos de morir ahogados ponen de manifiesto la posibilidad de que realmente mediase la percepción extrasensorial. La mayoría de estas personas ha señalado que antes de ver qué era lo que les empujaba hacia la playa ya sabían instintivamente que se trataba de un delfín. Además, en todos los casos investigados los sujetos afirman no haber sentido miedo en ningún momento, ni siquiera en zonas donde son frecuentes los tiburones.

Las apariciones de los delfines en la mitología y las leyendas son numerosas, y atestiguan de la relación entre el hombre y los delfines desde la antigüedad. La mitología griega cuenta que estos mamíferos marinos antes que delfines fueron hombres, concretamente unos piratas que intentaron vender al dios Dionisio como esclavo, y este como castigo los convirtió en dichos cetáceos. En la mitología romana Neptuno, el dios romano del agua y el mar, siempre era representado con su característico tridente y rodeado de delfines. Se trasmite la leyenda que entre los antiguos cristianos los delfines es el simbolismo de la regeneración del individuo.

En la mitología chilota de Chile, se cuenta que existe un ser mitológico conocido como Cahuelche, el cual originalmente fue un ser humano que mágicamente fue convertido en una criatura marina de apariencia muy similar o idéntica a la especie de delfín llamado tonina. Sin embargo, el Cahuelche sería mucho más inteligente que los animales de esta especie; y el sonido que emitiría sería distinto al de estos delfines; y tendría un significado que es mágicamente comprensible para los seres humanos.

Cerca de Corinto se encontraron grabados en los que el dios Apolo aparece representado como un delfín. Curiosamente, fue este dios el que, según las leyendas, creó el oráculo de Delfos (ciudad del delfín), donde los dioses hablaban con los hombres que quisieran escucharlos.

Siguiendo con las leyendas, encontramos que el hijo de Ulises, Telémaco, fue salvado de morir ahogado por un delfín. Plinio, por otra parte, cuenta la historia de un muchacho que cruzaba diariamente el lago Lucrino para ir a la escuela a lomos de uno de estos cetáceos. Numerosas historias y mitologías ponen de manifiesto que entre el ser humano y los delfines existió durante muchos siglos una profunda amistad. Entendimiento que el hombre traicionó cuando empezó a cazarlos. Cousteau resume en una pregunta esta posibilidad de amistad y comunicación entre el hombre y los delfines: "¿Será que ahora, en el siglo XX, estamos desvelando un secreto que no era tal para nuestros antepasados?".

La cópula de los delfines sucede frente a frente. El acto real suele ser breve, pero se puede repetir varias veces en un lapso de tiempo corto. Por lo general, la actividad sexual comienza a una edad temprana, incluso antes de alcanzar la madurez sexual. La edad de la madurez sexual varía según la especie y género. Los delfines son conocidos por tener relaciones sexuales por razones distintas a la reproducción. La posición sexual más frecuente entre los seres humanos es cara a cara, la única posición de cópula de los delfines es cara a cara. Los delfines como los seres humanos tienen una sexualidad abocada al placer, no está limitada sólo a la reproducción.

Sabemos que pueden padecer las mismas enfermedades de los hombres (algunas de ellas comprobadas: poliomielitis, paperas, gripe, etc) y que muchos de ellos poseen cerebros mucho más grandes que los nuestros. ¿Significa esto, como declaran algunos, que los delfines son más inteligentes que nosotros? Algunos estudiosos se aventuran a sostener que en el caso de que "falle" el ser humano como rey de la creación, la naturaleza "tiene un reserva": el delfín. En todo caso, y más fehacientemente, podemos seguir el trabajo de ecologistas, neurofisiólogos, etnólogos, filósofos e investigadores científicos. Es probable que aparezcan datos sobre el delfín que logren estremecernos, mucho más que la fuerza de una de sus vibraciones ultrasónicas.

Por ello muchos expertos Relacionan el ADN a la Comunicación Delfines-Humanos y Sanaciones Asombrosas. Más allá del diseño de la vida, el ADN juega un poderoso papel en las recientes comunicaciones descubiertas entre los delfines y humanos, de acuerdo a un equipo investigadores de cetáceos (delfines y ballenas) en el Instituto Sirius, en Puna, en la Gran Isla de Hawai. Un estudio en progreso muestra que estos mamíferos marinos reciben y transmiten señales de sonido capaces de afectar la doble hélice genética, y usan biotecnología natural, los delfines pueden sanar "sonogenéticamente" a los humanos si nadan cerca de ellos. Catorce años de estudio multidisciplinario en esta área de la Organización de Humanos-Delfines indica que la expresión de ADN, tradicionalmente considerada el "diseño de la vida", puede ser modificada por el sonido y los campos electromagnéticos generados por los delfines. Un sorprendente reporte del director investigador Dr. Michael Hyson y otros, examinan el diseño de enrollado del ADN, su acción vibratoria, las funciones "electrogenéticas" durante las interacciones bioacústicas entre delfines y humanos.

Hasta la fecha se documentan efectos curativos en quienes tienen contacto con ellos tales como reducción del dolor, cambios químicos en la sangre, y refuerzo para la recuperación en enfermedades crónicas y terminales. Se ha observado por medio de la medición de las ondas cerebrales de los pacientes que éstas cambian en presencia de los delfines hacia una armonización entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro, lo que produce un estado de paz y relajación tal como sucede al realizar una meditación.

De hecho, se establece una armonización entre el cerebro de la persona y del delfín, pues estos mamíferos mantienen casi permanentemente una actividad cerebral de frecuencia baja en el denominado nivel alfa, precisamente el nivel de meditación que enseñan diversas escuelas espirituales, lo que lleva a recordar la paz que emana de las personas con un alto grado espiritualidad. Los efectos de la acústica y los electromagnetismos de los delfines producen al cuerpo humano a través del ADN, lo que puede explicar mejor como es que han ocurrido las sorprendentes sanaciones, con frecuencia reportadas por los nadadores después de tener contacto con los delfines.

El ADN es activado, más que los químicos o las drogas, como muestran nuevas investigaciones, por ondas y partículas de sonido energizado y luz, al encender o apagar los genes. De manera semejante, la herencia genética es transmitida energéticamente ("bioacústicamente y electromagnéticamente") por medio de moléculas especiales de agua que forman la matriz electrogenética de ADN. Estas estructuras hidroeléctricas con figura de pirámides, hexágonos, y pentágonos, dirigen el proceso de sanación. En este caso, la terapia asistida con delfines ocurre bajo un medio ambiente electroquímico submarino similar a suero de la sangre humana -el cual mejora los efectos energéticos de acuerdo con los investigadores.

"La experiencia con delfines por más de 40 años" dice el Dr. Hyson, "me ha mostrado que los delfines son más humanos que muchos de nosotros. Ellos son comprensivos, telepáticos, y con frecuencia dispuestos a curar a los humanos. Usaremos esta investigación para ayudar a establecer los derechos de los cetáceos y están dirigidos a un proceso similar a la forma en la que los Aborígenes Australianos obtuvieron su derechos humanos para vivir".

Una lectura que será muy provechosa en el fin de semana que inicia, días de descanso pero también de reflexión, abrazos calurosos mis queridas (os) peregrinas (os) del mismo camino.

FUENTES: numerosos artículos impresos y de la web, documentación pública y comprobable.-Gustavo.-Corazon a Corazon